sábado, 18 de diciembre de 2010

ENTRE AGUAS...

No és hoy uno de esos días especialmente brillantes, o quizá és especialmente un día gris emocional...

Cuando una se cae desde esa maravillosa catarata que siempre has deseado, que siempre has soñado, que siempre te has deleitado de sus espectaculares vistas, la catarata toma un cariz diferente.




Mientras te vas cayendo, se te pasa por tu mente todos esos fotogramas de vida coleccionados en tu propia historia y que incluso muchas de ellas se creían ya en el olvido. Ahora todas empiezan a tener un sentido. Te vas aproximando al agua agitada del fondo a una velocidad inalcanzable de contar con los dedos hasta sentir el golpe seco que te deja insconciente sin saber que és lo que te ha pasado. No se puede pensar, no se puede procesar... Entras en el remolino emocional y en ese bucle laberíntico del que no es fácil salir. Pero el tiempo se cuida de buscarte la salida y de no hacerte pertenecer demasiado en un sitio que no es el tuyo.

Rio abajo, golpeándote en cada verdad granítica, que te hiere, que te contusiona, que va dejando una estela de sensaciones, de regusto a sangre y de flores marchitas, te recuerda cuan vulnerable a los secretos eres. Como si de cristal fueras, te rompes en mil pedazos y te dejas el alma en la derrota.




Vas dejándote llevar por el curso inexorable del rio, hacia aguas más calmadas, pero sigue siendo la misma agua llena de temores, de angústias y de rencores. Esa bravura de las aguas ha arrancado todo ese sedimento que estaba en calma rio arriba y que no parecía estar. Se va depositando allí, al final del recorrido, entre las aguas te inmersas en el lodo que aparece aprisionado sin rechistar, aguantando la presión del recién llegado y sumiso al tiempo.




Te levantas impregnada de barro, lenta, oprimida por su densidad. Esperas volver a tener algún día la ligereza de la libertad y creer que el oceánico azul del mar, el que un día soñé en bañarme, no tenga en mi destino un rugir feroz que deje una huella de incapacidad.




Al paso del tiempo no sabes que decisión tomar, o no te acercas nunca más a la catarata renunciando a una belleza inexistente o vuelves a sentir la ilusión de formar parte de ella con el riesgo de volver a gravitar en ella...

Dejar fluir las emociones o no removerlas para dejar el equilibrio existente.