Odio sentirme cayendo en el vacío...
Compré un billete con destino a la felicidad y olvidé leer la letra pequeña. Tenía fecha de caducidad. Al mundo de los sueños, cuando accedes por la puerta de la gran escalinata, entre peldaño y peldaño, se va borrando los atisbos de realidad. Siempre queda el cuenta-cuentos esperandote al final de ella, como un charlatan vendiéndote el ungüento milagroso, vendiéndote lo inaccesible, para acabar dándole mil gracias por estar ahí, por existir. Le daré mil gracias por vender humo aunque acabe moribunda por inhalar esa porción de irrealidad. Aún así, agradeceré a la suerte por pensar en mi...
Que vértigo que siento estar suspendida en el vacío...
Siento caer, siento que desparramaré este cuerpo mortal y ya me siento morir...
Aún no ha acabado de pasar la eterna milésima de segundo. El tiempo se vuelve plástico, se expande, se va modelando en un bucle para no retornar, para no repetir, para no continuar. Gravitan los sentidos en el. Se desdibujan las emociones. Se ensombrecen los recuerdos hasta volverse opacos con los ojos abiertos...
Tendré que cerrar los ojos, e intentaré rescatar entre el vacío, la luz que quedó impregnada en mis retinas desde ese puente lleno de amor...
C'est la vie.
...y las almas que cayeron en el vacío, quedan por siempre sin definición, suspendidas y ausentes.
ResponderEliminarCuanta belleza en tu desgarro!